miércoles, 24 de octubre de 2012

El problema del déficit democrático II - Iñaki Martínez Vázquez

Así resulta que órganos democráticos como los parlamentos español y gallego se ven obligados a aplicar medidas impuestas por altas magistraturas europeas faltas de legitimidad democrática y que actúan como una correa de transmisión de la oligarquía económica. Las medidas anti-populares no son impuestas directamente por el mandarinato europeo sino por los organismos democráticos españoles, forzados a dar la cara en vez de magistraturas europeas e internacionales y poderes oligárquicos que se mantienen en un cómodo segundo plano. De esta manera llegamos al resultado perverso de que son los organismos de representación democrática los que acaban desprestigiados y con ellos resulta dañada la misma idea de democracia. Seguramente en los últimos tiempos todos hemos oído ya alguna vez en la calle algún comentario que parece invocar el viejo concepto del “cirujano de hierro”, recurrir a un tipo cinvestido con poderes extraordinarios para curar los males de la patria, un síntoma peligrosísimo y un fantasma que debemos exorcizar.
 

Sin embargo debemos felicitarnos de que aun quedan límites que no se han traspasado, en concreto el límite de los derechos humanos que aun hoy vienen siendo respetados por las instituciones. Hasta cierto punto, objetará más de uno, pues cada vez hay voces más descaradas cuestionando derechos fundamentales como el de manifestación y reunión.

A mi entender la solución a la situación actual no pasa ni por el “cirujano de hierro” ni por una democracia directa que, si bien en principio parece buena idea, al final es una idea difusa sobre la que no se hacen propuestas de aplicación concretas y viables. Considero que la situación pasa por una afirmación del principio democrático, a falta de mejores modelos aplicado mediante un sistema de representación, por más que pueda ser corregido facilitando mecanismos de participación popular. Para ello hay que deshacerse de las ataduras que hacen de nuestro sistema más un sistema de democracia formal que una democracia en el pleno sentido del término ¿Qué reformas serían necesarias? Quizá lo ideal sería una plena democratización de las instituciones europeas, depositar más poderes en el Parlamento Europeo, eliminar la Comisión Europea, crear un poder ejecutivo de la Unión Europea controlado democráticamente, o bien sometido al Parlamento o elegido directamente por los ciudadanos como en ultramar, y por supuesto someter a control democrático al Banco Central Europeo. Sin unas instituciones europeas auténticamente democráticas, estas podrán ir adoptando decisiones más o menos acertadas pero siempre tendrán una marcada tendencia a meter a los pueblos de la Unión Europea en diversos berenjenales.

¿Y si las altas magistraturas europeas no se dejan democratizar? ¿Y si el resto de los estados europeos no tienen interés en transformar el mandarinato europeo en un sistema de instituciones democráticas? Si realmente somos demócratas no deberíamos plantearnos transigir a la imposición de un marco no democrático y deberíamos plantear respuestas desde la firme defensa de los principios democráticos, no reconocer legitimidades distintas a la democrática, aunque eso lleve a alejarnos del esquema institucional europeo. Como inventar soluciones novedosas no solo es bastante complicado si no que suele ser innecesario, e igual que en su momento la referencia del modelo democrático europeo fue una valiosísima ayuda para el desarrollo de la democracia española, deberíamos observar con atención si hay experiencias democratizadotas y de emancipación nacional que nos puedan servir de referencia. Las hay. Por suerte para España tenemos una identidad colectiva mixta, europeos pero también parte de la comunidad iberoamericana, y allende los mares en la última década ha habido importantes cambios políticos que han liberado buena parte de las repúblicas latinoamericanas de estructuras de poder lesivas para el carácter democrático de sus sociedades. Las crisis latinoamericanas de los años 80 y 90 son en lo sustancial idénticas a la que ahora padecemos en España y, buenas noticias, las superaron. Las superaron no acatando las soluciones que les planteaban desde el FMI y demás organismos internacionales, guardianes del status quo económico, si no revelándose contra las mismas con toda la legitimidad de tener el respaldo de sus pueblos, medidas que no fueron fáciles de tomar, que no estuvieron libres de una fuerte oposición de los poderes oligárquicos internacionales e internos y que tuvieron sus costes, pero que fueron necesarias para superar la crisis y poner de nuevo a funcionar sus economías reales.

 Las medidas que tomaron son aun un tabú en el sistema de pensamiento único neo-liberal que aun padecemos en Europa: nacionalizaciones, ruptura de la paridad peso-dólar (que sería equivalente a una salida del euro), intervención pública en la economía…. pero ya ha llegado el momento de tener en cuenta las experiencias latinoamericanas de salida de la crisis y de recuperación de la democracia.